Hembras en mi habitación

Me despierto y miro el reloj. Marca las 2:24 de la madrugada. Dos cosan me pasan por la cabeza. La primera es que ya es lunes. La segunda que hay tres zonas del cuerpo con un picor que me resulta familiar. Enciendo la luz y después de buscar durante un par de minutos la veo. Cojo aire y lo suelto lentamente. Levanto la mano y con un golpe rápido y preciso acabo con ella dejando una mancha de mi propia sangre en la pared que me apresuro a limpiar que luego no hay cristo que la quite.

Como la mayoría sabréis, la hembra del mosquito necesita del aporte que constituye la sangre para la posterior puesta de huevos. El macho no pica. Y por experiencias pasadas, parece ser que mi sangre les encanta. Atraigo a las hembras (de mosquito).

Después de reflexionar acerca de los últimos acontecimientos del fin de semana, me estaba preguntando qué problema existe entre la atracción con las hembras de mi especie. Porque está claro que con la del mosquito la cosa va genial. Pero con las humanas… Eso ya es otro cantar. Mirad sino una de las instantáneas tomadas este finde en mi habitación.

Está claro que existe un problema de comunicación con los machos y las hembras de mi especie. Otra mata que no he echado….

PD: Esta foto es una de las 56 que participan en el concurso de camisetas que ha organizado el tito Chiqui en su blog. Si queréis echaros unas risas, os recomiendo encarecidamente que os paséis por allí. No tienen desperdicio.

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Haciendo amigos

Después de llevármela un día al fútbol y devolverla a casa, después de tenerla dos semanas rondando por aquí y ver a su hermano de forma bastante periódica, al final me ha tocado acercarme a su trabajo para llevarle la dichosa camiseta. Y es que mi limitada cabeza no da para más. Chopi, tu camiseta la tiene tu hermano Luis (Sensei). Esta semana la tendrás.

Aprovechando que estaba allí, hemos estado charlando un ratejo y me ha presentado a la mascota de su curro: un pájaro. Seguramente pertenecerá a alguna especie y tendrá nombre pero, si me lo ha dicho, se me ha olvidado completamente.

La verdad es que el colega en cuestión era un cachondo. Se posaba de la pantalla del ordenador de Luis a su hombro y luego en la mesa. Cuando se cansaba daba un vuelo por la oficina, para posarse otra vez. He tenido que esquivarlo un par de veces, pero en un despiste ha conseguido alcanzarme.

Lo que te puede suceder una tarde cualquiera. Luego ha caído una tormenta de tres pares de cojones. Por supuesto, tenía ropa tendida.

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Haciendo el mono en la sierra

Hace una semana que volvimos de un viaje por la sierra de Guadarrama. Desde la AJIAB, organizamos un viaje de senderismo de estos que nos gustan tanto. Pensé en escribir un post contando un poco lo que dio de sí el viaje, pero después de repasar los vídeos y las fotos, creo una entrada acerca de las gilipolleces que acontecieron a lo largo del viaje será más entretenida que el típico diario de viaje. Así que ahí va.

1) Pedrulas, animador social por excelencia de cualquier buen viaje que se tercie, nos deleitó con una vídeo-noticia acerca de nuestro investigador preferido afincado en Japón.

2) Teniendo en cuenta lo blanditos que estaban los colchones, no es de extrañar que alguno decidiera dormir en el suelo. Casi se estaba mejor.

3) Los jóvenes investigadores/maestros semos gente mu limpica.

4) Si quieres hacer el mono, intenta no matarte que luego todo son problemas con el seguro.

5) Lo de Thompson son gemelos. Lo de Pedrulas, son trillizos!! La virgen que piernas!

6) Es importante estirar durante la ruta para evitar posibles lesiones.

7) La vida está llena de altibajos.

8) Intenta no perder los pendientes en el campo: pueden mimetizarse con el entorno.

9) Nunca sabes lo que puedes aprender en los bares.

10) Los nacionalismos existen en este país.

11) Cuando juntas a tres monos con aplicaciones que simulan un sable láser en su móvil, surgen situaciones cuanto menos curiosas. Combates en las habitaciones, en los pasillos, e incluso en el campo. (Se oye un poco flojo, así que afinad el oído).

12) Lo mejor para acabar el viaje es irse a cenar y hacer balance. Como no había balance que hacer, os dejo con un chiste a 3.

Nos vemos en la próxima salida.

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El primero de la temporada

Ahora que ostento el título oficial de manchego de adopción, el pasado día 31 me dejaron celebrar el día de Castilla La Mancha en toda la regla. Así que cogimos Nica, María, La Princesa, el primo de la princesa (Andrés) y yo, y nos fuimos a las lagunas de Ruidera.

Entre las provincias de Ciudad Real y Albacete está el parque natural de las Lagunas. No sé exactamente cuantas hay, pero las suficientes como para encontrar un riconcito tranquilo alejado del mundanal ruido. Nosotros, como somos idiotas, nos metimos en una al lado de un bar. No se puede cambiar lo que uno es de la noche a la mañana.

O quizás no seamos tan y tan idiotas como parecemos…

Aunque, definitivamente creo que sí que lo somos!!

Ya después de comer decidimos buscar un lugar más íntimo y apartado. No muy lejos de ahí, encontramos el sitio perfecto. Una playica (ay, playica) de arena y una laguna y en medio del agua una balsa con un tobogán. Ya teníamos objetivo. El primero en aventurarse a meter los pies dentro fue un servidor, aunque el canario no tardó en unírseme.

Pasado el punto crítico (los huevecillos), el canario se envalentonó, me salpicó la parte del cuerpo que no me había mojado y se fue de cabeza hacia la balsa. No me quedó más remedio que seguirle. Después de ver el espectáculo de los dos monos, el primo Andrés también se animó.

Después del primer baño de la temporada, las “seños” nos dejaron un rato de tiempo libre y cada cual lo aprovechó como supo: la ranita, una siesta, dar abrazos… bueno, la última foto no sé como describirla.

Gran día en las Lagunas. Liberamos mucho estrés aunque el primo se ve que no tuvo suficiente y cuando llegamos a casa quiso desahogarse con Laura. Se me emocionó el pobre. Ah, y esta no está trucada con Photoshop.

No sé a vosotros, pero a mi el día del primer chapuzón de la temporada siempre lo recuerdo con especial cariño. Llamadme sentimental, pero no puedo evitarlo. El próximo año igual toca en New Zeland… Quien sabe…

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Ochenta y cuatro

Llegas de Seattle y te vas a casa a descansar sólo para descubrir que tienes una carta citándote para ser segundo suplente de la mesa electoral para las elecciones del 22-J. O sea, que me va a tocar recorrer 800 km desde Albacete para hacer acto de presencia a las 8 de la mañana en el archivo comarcal donde, si todo va bien, dejaran que me vaya a los 5 minutos. Y encima sin ver un puto duro. Las únicas contentas mi madre y mi abuela. Ni mis amigos se alegraron. La madre que los parió…

Pero algo bueno tenía que tener el viajecito. Y es que mi abuela cumplió 84 años el pasado 31 de mayo (¿Aún no la has felicitado? ¿Y a qué esperas?) . Así que aprovechando que estaba en la Seu, fuimos a celebrarlo por todo lo alto en Sant Joan Fumat, en Cal Pauet.

Ya me habían aconsejado que fuera sin desayunar, porque las cantidades de comida que sirven aquí son ingentes. Y es que la gente de montaña somos así. Ahí va el menú: de primero unos entrantes con ensalada, embutido del país, queso, pan con tomate y unos caracoles que estaban para chuparse los dedos.

De primero, arroz de montaña. El animal de mi hermano, que es un ansias, no pudo evitar apurar la paella directamente con el cucharón. Todo p’adentro, claro que sí.

De segundo la cosa ya estuvo más reñida. Mi cuñada se pidió caracoles, que le flipan. Mi hermano jabalí (buenísimo) y para la abuela, mami y un servidor, codillos de ternera. Como os podéis imaginar estaba todo delicioso.

De postres algo digestivo, un sorbete de limón. Aunque si mal no recuerdo, el bestia de mi hermano aún tuvo fuerzas para comerse un helado. ¡Qué tío! Y eso que ya está curado de lo suyo, pero teníais que verlo cuando “comía para dos”. La vuelta a casa fue la mar de plácida: bajamos a la Seu rodando.

Si os dejáis caer por el Pirineu, no dejéis de pasaros por Cal Pauet, en Sant Joan Fumat, muy cerca de la Seu. Te tratan bien y se come de lujo. No os arrepentiréis. Eso sí, reservad antes de ir que siempre hay gente.

Iaia, ens veiem l’any que ve amb els 85. Anirem al Molí de Fòrnols, que també diuen que es menja d’escàndol. Disfruta’ls que te’ls has guanyat. Felicitats de nou.

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RESCATANDO A MISS SANTOS, por Belén

Hablando con la gente que dejé atrás en Seattle, me contaba una amiga asturiana una historia que no tiene desperdicio. Le pedí, por favor, que si escribía la historia podía utilizar mi blog para mostrarla al mundo. Y no solo la escribió, sino que además se ha currado tres dibujos ilustrativos de la ostia. Así que sin más dilación os dejo con la crónica de mi amiga Belén. Buena gente donde la haya.


Yo tenía todo mi domingo planificado. No tenía resaca. Me había levantado temprano. Se habían anulado nuestros planes por la lluvia (como ya tenía previsto) y por delante, tenía todo un largo y lluvioso día para zambullirme en el apasionante mundo de la gramática inglesa. Un planazo. El cómo pasé de eso a recorrer 21’6 millas hasta llegar a Mill Creek para rescatar a mi amiga Marisa es un completo misterio.

Todo comenzó con un mensaje a las 8 de la mañana que se resume en: “llámame, mi novio afroamericano, que se supone me tiene que devolver a la civilización seattelita, acaba de llegar borracho a casa y estoy atrapada en medio de los bosques de Washington”. Y yo que pensaba que iba a tener un domingo tranquilo (ingenua de mí). Primer error del día.

El segundo error del día fue dejarme arrastrar por mi, últimamente, exacerbado apetito de sushi y por otros dos que, como yo, tampoco tenían nada mejor que hacer. Si me hubiese quedado en casa estudiando, nada de esto habría pasado. ¡Cuántas veces habré repetido esta frase en mi vida!

Fue así, cebándonos a sushi, como recibimos la llamada de rescate, que no sabía yo que mi número fuese el 911. Y como, repito, quienes estaban conmigo, aún tenían menos que hacer que yo, dijeron: “¡Vale! Vamos a buscarte”. Y no me quedó otro remedio que engullir el último spicy tuna roll, ponerme la capa de SuperBelencio y armarme de paciencia (que, por cierto, últimamente, no está entre mis superpoderes).

Tras 20 minutos conduciendo y dos autopistas después, nos dimos cuenta que el Google Maps es un poco puñetero cuando le da la gana y, desde luego, que no te da la dirección más directa, sino la que le da la gana él. Aún así, aunque disfrutando un poco más de lo previsto de los paisajes del noroeste estadounidense, llegamos a la residencia de fin de semana de Miss Santos.

La primera sorpresa fue descubrir que el coche de la víctima (así denominaremos a partir de ahora al novio borracho debido al estado de inconsciencia en el que se hallaba) estaba aparcado en la puerta de la casa. Y digo sorpresa, porque al parecer el coche se había perdido en algún momento de la noche, junto al móvil del susodicho. La segunda sorpresa fue que el teléfono de Marisa se había quedado sin batería, así que si queríamos rescatarla, alguien tenía que aventurarse en una misión de incursión en territorio hostil. Como no podía ser de otra manera: me tocó a mí. Y una vez más, el Belencio estaba en el ojo del huracán…

Dentro de la casa habría más sorpresas… Porque, igual se me ha olvidado mencionar que la víctima tiene dos hijas (aunque la vida de este hombre nos daría para otro post, ya os lo digo) y que los domingos hace de Súper Papá. Bueno, eso cuando no está boca abajo en el sofá, con unos calzoncillos rosas como único vestuario y semicubierto con una manta de atigrado estampado. Así que, cuando Marisa abrió la puerta, a su lado apareció una de las mencionadas que, a sus casi 9 años, es tan alta como yo (aunque eso no sea un mérito).

De la víctima solo obtuve un “Hi, Belén! How’s it going?” en el que tuve tiempo de descubrir que aún tenía mayor porcentaje de alcohol que de sangre en su sistema circulatorio; mientras la niña me acusaba con la mirada de venir a romper su unidad familiar de domingo. Dulce inocencia. Y es que…amigos míos…en el momento en que Marisa tuvo que abandonar la casa, se produjo un gran momento de tensión a la altura de aquel Gran Hermano en el que se oyó aquello de “no lloréis que me voy a casar con ella”. Padre e hija se aferraron al brazo de mi amiga mientras, una suplicaba y el otro balbuceaba: “Marisa, don’t leave! Stay with us! Please, stay!! Don’t go to work!! Stay with us”.  En ese momento, solo pude retirarme a la cocina para poder llorar a gusto de la risa, mientras Marisa no sabía si acompañarme a mí, o llorar de verdad. Si es que, con niños se acuesta, ya se sabe…

Ya en el coche, de regreso al mundo normal, pudimos conocer el resto de la historia. Al parecer, la víctima tiene un problema de autocontrol cuando bebe (de ahí que llevara más de un año y medio sin hacerlo). Así que, este sábado se le fue de las manos, pero a lo grande. Y lo que prometía ser un “voy a tomarme una copa con mis amigotes, espérame en la cama que un par de horas vuelvo y te voy a hacer el amor toda la noche” dio paso a “voy a aparecer borracho como una cuba a las 8 de la mañana, sin coche, sin teléfono, con unas gafas rojas de corazón, una flor y completamente empapado para luego acabar llorando en la moqueta y que tú cuides el resto del domingo de una de mis hijas”.

El viaje de vuelta tuvo una buena reflexión de todo esto:

Marisa: Hoy he visto cómo va a ser mi futuro…

Josep: Pues replantéatelo, hija…Replantéatelo.


No pude aportar nada a eso. Me bloqueaban las lágrimas. Pero como me dice un buen amigo, ¿no hacen las desgracias de los demás, más llevaderas las de uno? Yo solo espero estar invitada a las bodas: a la yankee y a la española. La primera, por volver de visita a Seattle. La segunda, porque promete estar a la altura de las Bodas de Sangre de Lorca, aunque esta es otra historia que ya os contaremos. 😛

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Mi primer Barça-Madrid en el Camp Nou

Estando yo aún en Seattle, venía de ver el partido de ida de las semifinales de la Champions. Messi acababa de enchufarle dos goles al Madrid, el último de ellos una auténtica locura. Total que volvía al curro y se me ocurre:

¿Y si al Purgi le sobra un carnet? No puede salirme todo mal, ¿verdad? ¿O sí?

Así que, en un ataque de pasión futbolística y haciendo gala del derroche que a los catalanes nos caracteriza, cojo el móvil americano y lo llamo al suyo español. Y sonó la campana! 🙂


Martes, 3 de mayo. Último día en Barcelona. Para quitarme el jetlag, el día anterior no había dormido siesta y me había acostado a la 1 de la madrugada. No me había puesto el despertador. Casi seguro que me despertaría sobre las 10 o las 11. Abro un ojo… Las 16:30. Perfecto, he quedado en dos horas y la maleta sin hacer. Maldito descontrol horario.

Con un poco de prisa, pero sin muchos más incidentes remarcables, llego al bar donde habíamos quedado. Pido una caña y una tapa con 4 croquetas. Yo aún no lo sabía, pero iba a ser lo último que iba a comer en todo el día. Cañas cayeron unas cuantas más. Fuera empieza a llover. De puta madre.

Llegamos al Camp Nou empapados. Eso sí, que ambientazo. Secamos el asiento con periódicos y nos sentamos a ver el partido que mucha historia, como sabéis, no tuvo. Gol anulado al Madrid, gol del Barça luego y empató Marcelo al cabo de poco.

Pero estar en el campo, en ESE partido y eliminar al eterno rival con el estadio abarrotado, es impagable. Era mi primer Barça-Madrid, y lo disfruté desde la previa hasta mucho después que el árbitro hiciera sonar el silbato del final del partido. Un espectáculo en toda regla.


Como ya dije, quien tiene un amigo tiene un carné… digo, un tesoro. Gracias Purgi! 🙂

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